Saulo de Tarso

08/04/13

saulo1Érase una vez un tocapelotas llamado Titus Magníficus que solía incordiar a las personas religiosas y a los cristianos en particular.

Para empezar, se declaraba ateo y apóstata. Una amiga suya (pretendiente al trono de Portugal) le dijo un día:Celia 1

Pero cómo vas a ser tú ateo (quería decir: ¿cómo voy a tener yo un amigo ateo?). Como mucho, serás agnóstico.

Bueno, respondió Titus, pues seré eso.

Esta anécdota ya daba a entender claramente la debilidad de carácter de Titus, a la par de lo endeble

sangre de vuestro Líder espiritual.

paso 1

También llamaba “muñecos” a los pasos de Semana Santa y se mofaba de los pobres nazarenos de Sevilla, porque todos los años lloraban como Magdalenas cuando llovía y nopodían sacar a pasear a sus pasos. Joder, decía Titus, pues que les pongan un plástico. Decía incluso que iba a patentar un palio con nanoplástico que haría furor porque impediría que se mojaran los muñecos (obras de arte, según todos los indicios) y permitiría verlos con toda claridad.

En fin, fiel a su estilo tocapelotario.

Sus amigos, que soportaban con paciencia sus diatribas, empezaron a mosquearse un poco cuando nuestro querido prota se pasaba las horas muertas, según él, reconstruyendo en 3D en el ordenador de su casa, un antiguo monasterio de su pueblo, ya desaparecido. Hablaba y hablaba de la historia de los monjes, de sus famosos códices, leía libros de historia, tenía entrevistas con los historiadores locales para hablar del dichoso monasterio… todo muy sospechoso en un ateo recalcitrante como él.

Y he aquí que, al igual que Saulo, Titus Magníficus también iba a caerse del caballo camino de Damasco.

Una tarde de Domingo le tocó subir a su madre a la romería de Nª Sra. de Bueyo, en su querido pueblo de Albelda.bueyo 1

Y hete aquí que le tocó sentarse en el primer banco, justo enfrente del muñeco de la Virgen de Bueyo.

Ya los cánticos y bailes en loor de Nº Sra. convocaron en el endeble cerebelo de nuestro protagonista recuerdos de su perdida niñez casi olvidada. bueyo 8

Poco a poco, a medida que avanzaba la misa, sus neuronas fueron licuándose hasta que creyó oir una voz, desde lo alto del muñeco de la Virgen que le decía como

a Saulo:

Titus, Titus, ¿por qué me persigues?bueyo 3

¿Quién eres, Sra.? contestó aturdido nuestro héroe

Yo soy tu Virgen, a quien tú llamas despectivamente “muñeco”. Pero levántate, coje las andas de mi paso, y llévame a hombros hasta tu pueblo…

Y Titus, que no podía entender lo que le estaba sucediendo, se colocó en la primera fila de los porteadores de la Virgen y comenzó a andar hacia Albelda.bueyo11

¿Quién es ése que va al frente? preguntaban las viejas al pasar.

Es Andresín,

el de la Marga, le contestaron, que ha subido a llevar a la Virgen…