Ingrid Fairchild

11/07/16

Mi mujer (Neri), y yo hemos ido a Los Angeles a ver a mi hija Julia. Estábamos cenando los tres en el restaurante del magnífico hotel “Shutters on the Beach”, en Santa Mónica. Sheet yourself, little parrot (cágate, lorito).

A nuestro lado está cenando, sola, una señora mayor (digamos unos 75 años) guapísima, mega-elegantísima.

ingrid05Sugiero inventarnos su historia, a modo de guión cinematográfico. Improvisando, rechazando esta alternativa y eligiendo esta otra, nos ha salido lo siguiente:

 

 

Esta señora se llama en realidad Gladys Elisabeth Ryan, irlandesa, hija de un tabernero borrachuzo de la costa de ese verde país. Su belleza era extraordinaria.

 

 

 

Un buen día, por las calles de Dublín, la descubrió el famoso empresario neoyorkino Angus Fairchild, de los Fairchild de toda la vida. Se enamoraron locamente y se casaron inmediatamente. Ella cambió su nombre por el de Ingrid Fairchild para ocultar sus humildes orígenes.

Tuvieron dos hijos: el mayor, de nombre Angus, como su padre, del que ha heredado su habilidad para los negocios. Es financiero en la City de Londres, se ha casado con una aristócrata de Norkfold, y tiene una hija, Rose Mary, que es el ojito derecho de su abuela. Después de pelear mucho con su nuera, Ingrid consiguió mandarla a un internado suizo de señoritas, sobre todo para alejarla de la, a su entender, nefasta influencia de sus padres.

El hijo menor de Ingrid se llama Arthur, es gay y vive en Los Angeles. Es marchante de arte y le va muy bien. Está casado con un chico joven que le hace feliz.

Nuestra protagonista tiene un hermano menor, Christian, que es un hippy colgado de los sesenta. Vive en Venarés con un gurú y da muchos problemas: su hermana tiene que mandarle continuamente dinero y sacarle de líos.

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La desgracia se cebó con esta feliz familia: un mal día un ladrón, hasta las cejas de crack, le descerrajó un tiro a Angus a la puerta de su casa de Manhattan. El asesino sigue en el corredor de la muerte después de 30 años.

Ingrid jamás se repuso del todo de este mazazo. A sus 50 años se volvió a casar con un Rothschild de segundo nivel que la engaña continuamente con toda clase de jovencitas que pululan a su alrededor. Otra vez la desgracia vino a visitarla cuando el Gulfstream del Rothschild se estrelló en la aproximación al aeropuerto de Gatwick de Londres, cuando iba a entrevistarse con Angus para ultimar la fusión de Fairchild Semiconductores, heredada por Ingrid de su primer marido, con la empresa INTEL-USA. Esta vez nuestra admirada señora vivió el episodio más como una liberación que como una pérdida.

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A nuestra protagonista no le gusta nada su nuera, como hemos comentado, y a sus hijos no les gustaba nada el Rothschild, así que la madre no veía a su familia más que el Día de Acción de Gracias. Tiene un enorme apartamento en el edificio Dakota al lado de Central Park, valorado en unos 50 millones de dólares, una casa en Martha´s Vineyard con una cuadra de caballos de carreras y todos los años pasa el mes de Junio en LA para ver a su hijo.

Precisamente hoy ha venido a alojarse, como siempre, en el Shutters, donde nos ha deslumbrado con su presencia (algo hierática, es cierto).

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Ha venido por última vez para comunicarle a su hijo que le han descubierto un tumor y que apenas le quedan unas semanas de vida, lo cual no le resta un ápice de su exquisito saber estar.