Dos cacatúas uruguayas

13/07/16

 

 

 

El Tropicana: paraíso de lo hortera, tremendas mulatas que parece que le les va a salir la cadera, mariposos a go-gó…

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Bueno, hay que tomarlo así. Neri y yo estamos sentados en una mesa con una magnífica ubicación en la sala, que es espectacular, en fin, todo perfecto

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Neri ha salido un momento a fumar, cuando, de repente, se presentan dos señoras acompañadas de un camarero y me dicen, todo resueltas:

Buenas, con permiso, les vamos a invadir, es que nos habían puesto en un rincón, hemos protestado, y nos han cambiado aquí. Y van, ni cortas ni perezosas, y se sientan en nuestra mesa.

A mí, sinceramente, no me ha dado tiempo a reaccionar, todo ha sido muy rápido, aparte de lo violento que hubiera resultado decir que no, oiga, que a mí no me van a arruinar la noche estas señoras.

Bueno, no sé, quizá hubiera podido hacer algo, pero el caso es que ahí me tienes con estas dos jetas: “hola, hola, encantado”

Con lo que a mí me gusta socializar: a Jaime suelo decirle que no me presente a ninguna persona, que no quiero conocer a nadie más…

Llega Neri, sorprendida, claro, y yo: mira, cariño, estas dos señoras, que han tenido el detalle de venir a cenar con nosotros…
Neri: Pues nada, encantada, me llamo Neri.
Cacatúa nº 1: ¿Cómo? ¿Meli?
Neri: No, Neri, con N y con R
Cacatúa nº 2: Ah! Nely
Neri: Vale, sí.

La mesa, aunque tenga cuatro sillas, es muy pequeña, así que estamos a un par de narices, no hay manera de ignorarlas si no se quiere parecer maleducado, así que empieza una conversación muy interesante: que de dónde son ustedes, que cuánto tiempo llevan en La Habana… Nos enteramos de que son de Montevideo.

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Hacen una pareja muy rara: las dos son viejas, feas, mal vestidas y peor peinadas, nada simpáticas: se dan ciertos aires de señoronas: que solemos venir con frecuencia a Cuba, que este país ya no es lo que era, que se han perdido la educación y las buenas maneras, que los camareros del Tropicana ya no son lo que eran, que qué mala suerte que haya llovido y tengamos que ver el espectáculo en la sala interior, el exterior es lo clásico y más bonito, entre árboles…

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El caso es que yo no consigo encuadrar a esta pareja: qué hacen aquí solas sin sus maridos (si los tienen) ¿serán pareja de hecho tratando de rememorar viejos tiempos de pasión?…

 

 

 

 

 

Bueno, Neri y yo nos resignamos a nuestra suerte (mala), y procuramos ser educados.

Menos mal que ya empieza el espectáculo, se apagan las luces y podemos disfrutar sin demasiadas injerencias extranjeras de este especialísimo viaje a los años 40 o 50, este cabaret hortera y kitsch donde los haya

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